11 mayo 2010

No pido...

Yo no te pido nada
no te lo pido porque no lo merezco
porque no te soy digno, no te ofrezco
palacios ni riqueza acumulada
en cofres y enterrados en las islas
desiertas que los cuentos han contado.

No te pido nada, es cierto
aunque grato me sería un beso,
tan dulce, con tus labios y mis labios
una filosofía que los sabios
no llegan a entender en muchos años.

Pero no, no puedo imaginarlo
porque no te pido nada:
No te pido recostarte en mi hombro,
ni que pienses en mí una vez al día,
mucho menos pedir en fantasía
amarnos uno al otro en la velada.

Eso es imposible luna mía,
yo no podría pedirte tales cosas.
Imagina que yo te enviara rosas
y pensara tu mano entre las mías.

No, no y no, jamás lo haré,
porque el amor que doy no busca recompensas,
y sin embargo soñaré que piensas
en mi nombre y mi ser ante tu puerta.

¿Por qué mujer si no te pido nada?
me gusta imaginar el adorarte,
mi brazo en tu cintura delineada,
y no puedo dejar de extrañarte.

No solicito venia aunque acepto
si tu voluntad quisiera regalarme,
tu aroma, tu tersura, cada baile,
tu risa, tus pasiones y tu afecto.

No pido, pero ah! sería tan bello,
si osaras una vez a la semana
pudiéramos salir por las mañanas
y yo abrazarte para besar tu cuello.

Como vez soy sensato
y no te pido nada
imagino tenerlo, pero de eso a pedirlo...
sería vanidad.
Mejor es el soñar con que un día me regales
un poco de tu tiempo por propias voluntades
aceptes concederme una de tus tardes,
no importa si un minuto, una hora o un segundo
si tú me lo permites
te haré sentir la mujer más feliz del mundo
pero eso es imposible en tanto no confíes
en que te amo tanto como digo.

No pido ser el dueño de tu cuerpo
pero quisiera otra vez amanecer en tu lecho
amarte todo el cuerpo y hasta el alma,
como sólo lo hace quien así ama,
pero... no es más que boba ilusión,
aunque tu nombre esté tatuado en mi emoción.

¿Lo ves? No pido nada amada mía,
simplemente a tu voz yo me someto,
si me dejas amarte te prometo
que te haré más dichosa cada día.

Yo no pediré nunca, pero mira,
tú pide de tu esclavo lo que quieras
porque yo decidí que hasta que muera
daré todo mi ser para mi estrella.

Entre mi amor y tú


Entre mi amor y tú no hay diferencia:
Tú eres la ilusión del fuego eterno,
la redención que salva del infierno
al infame aprendiz de amor y ciencia.

Entre mi amor y tú no valen nombres,
porque sobran las letras si hay un beso,
de amor o de pasión, diera por eso
mi libertad, la vida de mil hombres.

Entre mi amor y tú pasan las noches.
Tú mi luna prendida en la ventana,
a la que extraño tanto en las mañanas
y que consuela todos mis dolores.

Entre mi amor y tú, no sé qué digo,
porque estás tan lejana de mi mundo
y aunque sé que es distinto nuestro rumbo
quisiera que miraras al mendigo.

Entre mi amor y tú, amada mía,
no hay más que la ilusión de que me mires,
que tal vez, tú por mí, un día suspires.
Y permitas a mi alma la osadía.

Entre mi amor y tú va el imposible,
pero eterno calor que de mí surge,
por tu piel excitante que me urge
a imaginarme tuyo, ¡qué risible!

Entre mi amor y tú, niña preciosa,
quisiera desvelar el crucigrama
de encontrarnos en la misma cama,
de saber si quisieras ser mi esposa.

Entre mi amor y tú no pasa el tiempo
ni hay prisa, ni presión. Hay que ir despacio.
Te doy la libertad, dejo tu espacio,
yo sólo te ofrezco mis momentos.

Entre mi amor y tú hablan las miradas,
el lenguaje oral a veces sobra,
si nuestros cuerpos se juntan en la obra
maestra del amor, con las luces apagadas.

Entre mi amor y tú hay música viva:
tu risa y mi emoción cantan en coro.
Mirarte un segundo, vale más que el oro,
besarte con pasión intempestiva.

Entre mi amor y tú quizá no hay nada
pueden ser sólo sueños de agonía
promesas vanas, para pasar el día.
Pero eso no me dice tu mirada.

Entre mi amor y tú, ocaso loco
que ocultó nuestras manos de la vista
yo bien sé que quizá no estés lista
pero deja acercarme poco a poco.

22 abril 2010

Bitácora de un abandomuerto



22 de abril de 2010, 2:24 a.m
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Apenas hace tres días me descubrí como alguien que no pertenece a esta realidad, un autista, un desadaptado, quizá me parezca más a un demente. No es la primera vez que pienso ser un loco, la primera vez yo no lo pensaba, pero todos mis amigos me lo repetían tan a menudo que terminaron convenciéndome y me acepté como uno, pero era una locura que permitía mi interacción con los demás, en cambio ésta, me escinde de la gente.
            Todavía no sé bien qué fue lo que pasó, de repente mis ojos vieron una luz tan intensa que seguro me cegó, después sentí que mi pecho se esforzaba por jalar aire y mi corazón latía frenético, sentía las sienes explotar. Luego, recuerdo que grité un nombre y nada más.
            Ahora ya esas molestias se calmaron, creo que ni siquiera necesito respirar, pero a cambio me duelen otras cosas. Siento que me duele la memoria, bueno, los recuerdos. Me duele acordarme del café, sobre todo del veracruzano. También los libros que he leído se me hacen que torturan, recordar Rayuela, La insoportable levedad del ser, El Quijote, y las antologías de poemas amorosos. Mirar mi computadora y saber, muy en el fondo, que tiene una gemela, es otra cosa que lastima. Las plantas de los pies, las suelas de zapatos recuerdan a los bailes y lo mismo, atraen el sufrimiento. Todas las cosas que tuvieran que ver con danza, curiosamente, esas me duelen y me hacen dar puñetazos de rabia, aunque por motivos diferentes que sin embargo no sé nombrar.
            Rememorar mi etapa universitaria es agridulce, admito que no es tan malo, pero a la luz de los años, hay espinas que me sangran, pero eso sólo aplica para mi espacio, mi facultad, las bibliotecas. Otras partes de la institución las maldigo por malos escenarios, casi podría decir que aborrezco gran parte de la cultura, o de sus edificios.
            Los labios están secos, hoy los tuve completamente partidos. Ya no es agradable pensar en las playas, menos si son de Jalisco. He llegado a mi cuarto y por algún motivo también me lastimó al abrir la puerta, no sé qué habrá sido porque repito que estoy ciego.
En algún instante pensé estar muerto, pero sentir es definitivo del vivir. Aunque, ni respire, ni vea, ni huela, ni hable; a pesar de ello sé que no estoy muerto.
Y quisiera saber el porqué de todos estos cambios, y todas mis conclusiones me llevan al nombre último que grité, pero no sé cuál fue. Sé que lo dije en voz alta y al acordarme es como un taladro en el centro del torso, es la cosa más terrible que pueda uno imaginar, pero ¡oh masoquista de mí! disfruto ese dolor como la cosa más preciosa que tengo, es un martirio placentero.
Quisiera decir que sé exactamente lo que me pasa, pero no poseo tales dones intelectuales. Insisto en que no estoy muerto, aunque sí siento me han robado más de media vida, las fuerzas. Ando por las calles porque mi cuerpo me lleva, pero la mente está en otro lado.
He pensado que el estar ciego me hace percibir diferente las cosas, y puede ser. Sin embargo estoy casi seguro de que no fue eso la causa sino una consecuencia, una de tantas. Y lo digo en serio, me han robado la vida porque como los recuerdos duelen, no me puedo acercar a una cafetería o un teatro, una librería, una biblioteca, un salón de baile, una cámara fotográfica, todo eso me da malestar. Es una enfermedad extraña y constante. Poco a poco merma mis fuerzas.
Por hoy he logrado sobrevivir, es el tercer día que me siento así, ya voy solo por las calles, me he abandonado. Soy un abandomuerto, ojalá un día descubra qué pasó. En ocasiones quisiera recuperar la vista por lo menos, pero si ha de ser para seguir sufriendo los recuerdos pero a todo color, y es cuando lo reconsidero.
Al final, supongo que no es tan malo, dicen que a todo se acostumbra uno. Mientras, creo que seguiré confesando mi amor amargo dulce por el nombre gritado y quiero saber qué significa. Hey, recuerdo algo más que me duele: una sonrisa.

20 abril 2010

¿Dónde se fue “mi sonrisa”?


Hoy más que nunca quisiera ser hijo de Cronos. Tener a voluntad control del tiempo, no sé si del lineal, o si del circular, aquel que Borges tanto idolatraba. Quisiera saber lo que se siente viajar por los instantes, a veces de regreso, a veces al futuro, y lo admito, mi interés no sería en absoluto científico sino muy, pero muy personal.
            Dejaría lo que fuera por lograrlo, dejaría mi carrera, mi trabajo, mi posible futuro, mi prestigio, incluso mi dignidad cedería. Como dice Joan Sebastian, “empeñaría lo más caro que tengo que es mi libertad”. Infortunadamente los deseos muy pocas veces truecan en realidades y este es un caso que se suma a las estadísticas, no importa que ayer haya habido lluvia de estrellas, porque juro que a todas les pedí fervoroso mi plegaria, y hoy, la realidad me tiró un par de dientes y mas de alguna lágrima.
            El pasado es aquella sucesión de decisiones que nos han llevado hasta este momento. Del mío no estoy muy orgulloso, preferiría estar en el sepulcro a poder escribir este artículo si ello hubiera logrado mantener el tesoro más precioso de mi vida, el cual, hoy, la neblina del cansancio ha escondido de mi vista.
            He perdido señores, la sonrisa más hermosa de cuantas puede haber en este mundo. La longitud precisa, la apertura de labios adecuada, alineación de dentadura, la mejor, e intercambio de amores, la que más. La he perdido, le he dejado escapar y no encuentro cómo detener el mar de sufrimiento. Quiero decir perdón, pero es insuficiente, no cabe duda que la voz termina yendo con el aire y al caer de las gotas, un vaso acaba por derramarse.
            No sé cuánto pueda observarse tras esa oscura niebla, pero quiero gritar que no importa la tormenta, el frío, los relámpagos, las olas, con mi remo maltrecho y mi barcaza errante juro ante Poseidón y siete mares, que he de brindar mi vida por ver tan blancas perlas. Más valiosas que el oro, más que la plata blanca, más que mi hermosa, luna, más, más, más.
            Fue error imperdonable dejarla descuidada, lo sé, lo reconozco y quisiera cambiarlo, pero no siempre querer es poder. Hoy me encuentro a oscuras, a la deriva en un océano que mis lágrimas han formado, testigo salobre de mi desesperación. ¿Habré de morir en el intento? Bien lo vale, mi vida no es ya nada sin su brillo. No importan otras cosas, no hay placeres vivo, sólo la oscuridad y el mar que ruge. Mi barca es de madera pobre, no de fino nogal, ni de rica caoba, apenas alcanzó del viejo pino; no tengo remeros, yo tengo que luchar contracorriente aunque canse los brazos, la esperanza dará fuerzas nuevamente.
            ¡Tonto de mí! Maldigo la hora en que dejé de procurarla, y me lamento en lo profundo por no comerla a besos, por no entregarle el verso, que ella merecía. Y peor es el dolor que me atormenta, la sospecha hiriente, que un ladrón la ha robado, vil malandro, regresa mi sonrisa, mi cáliz de la vida.
            Si he de armarme, harélo hasta los dientes, defenderé su resplandor lunar. Escudo en la siniestra, y en la diestra mi espada, armadura pulida y una daga en el cinto. Matar o morir, no habrá condescendencia.
            Mi grito de batalla será su dulce nombre, “sonrisa, mi sonrisa”, no ha de ser de otro hombre. Invocaré a Quijano y solicitaré consejo a don Ruy y don Rolando. Del Cervantino  aprenderé el honor, la hidalguía y evocaré a Dulcinea en mi sonrisa, quizá la mía sea una figura más triste que la del Manchego. A don Díaz de Vivar le hablaré en el exilio, pediré su consejo para aguantar la expulsión de la tierra bienamada, aprenderé como en la distancia, aprendió a procurar a su Ximena. De Rolando aprenderé la lengua, y la transportaré al sentimiento para decir  « Je t´aime ma belle sourire » « Où est-ce que vous êtes? » porque fué aquella lengua parisina la que logró conocer a mi extraviada.
            Igual acudiré a la poesía, para cantarle mi dolor y pena, mi tristeza, mi llanto, mis heridas, porque ella no está junto a la mesa. Sabines le dirá “una mujer y un hombre un día se aman”, y ella entenderá los dos papeles. Benedetti será un cómplice que susurrará en su oído que “mi estrategia es más sencilla y más simple” y en este caso rogaré como nunca “que un día cualquiera por fin me necesites”.  Gutiérrez Nájera ojalá me contagiara su hemofilia y pudiera yo terminar con un degüello, pero no será el caso; me enviará como ayuda algunos versos para decirle que ella es más que mi Duquesa Job.

¡No hay en el mundo mujer más linda!
Pie de andaluza, boca de guinda,
esprit rociado de Veuve Clicquot ;
talle de avispa, cutis de ala,
ojos traviesos de colegiala
como los ojos de Louis Theó

Y si no escucha esos ripios habré de enviarle “Mis enlutadas” después de que la muerte me alcance o de que yo me apresure hacia ella. Voces de Nervo, de Diaz Mirón y López Velarde quisiera completaran el corillo que pudiera a su alcoba llevarle serenata, pero ella no escucha bien en español cantado, prefiere la lengua Shekaspeareana, por eso cantaré “I´m sorry that I hurt you, it´s something I must live with, everyday[...] I´ve found a reason for me, to change who I used to be, a reason to star over new, and the reason [obviously] is you”.
            Mis brazos no se agotan de remar, aunque el océano amenaza con tragarme, si he de morir en altamar que sea por su talle. La he amado cual jamás se ha concebido, ni Romeo y Julieta, ni Tristán con Iseo, no Oliveira y La Maga. Nadie ha podido imaginarse el amor que le profeso, quizá ni ella misma lo sepa todavía y la amo, la amo, la amo y cuanto más lo pienso más la extraño.
            Recuerdo cuán feliz era a su lado, algo sabía Neruda que bien lo sentenció “es tan corto el amor y es tan largo el olvido”, pero no quiero olvidarla. La he extraviado pero confío en que habré de hallarla, puede que en manos en malévolo impostor, mas lucharé sin tregua hasta volver a abrazarla. Soy necio pues soy hombre, como dijo Sor Juana, pero más necio es el pecho que bate en su busca. No admite que la olvide, y es él quien me conduce, yo sólo sigo el rumbo.

Yo quisiera salvar esa distancia
ese abismo fatal que nos divide,
y embriagarme de amor con la fragancia 
mística y rara que tu ser despide.

Yo quisiera ser uno de los lazos
con que decoras tus radiantes sienes;
yo quisiera en el cielo de tus brazos
beber la gloria que en tus labios tienes.

Yo quisiera ser agua y que en mis olas,
que en mis olas vinieras a bañarte
para poder, como lo sueño a solas,
a un mismo tiempo por doquier besarte.

Yo quisiera ser lino y en tu lecho,
allá en las sombras, con ardor cubrirte,
temblar en los temblores de tu pecho,
y morir de placer al comprimirte.

¡Oh! ¡Yo quisiera mucho más! ¡Quisiera
llevarte en mí como la nube al fuego,
mas no como la nube en su carrera
para estallar y separarnos luego!

Yo quisiera en mí mismo confundirte.
Confundirte en mí mismo y extrañarte;
yo quisiera en perfume convertirte,
convertirte en perfume y aspirarte.

Aspirarte en un soplo como esencia,
y unir a mis latidos tus latidos,
y unir a mi existencia tu existencia,
y unir a mis sentidos tus sentidos.

Aspirarte en un soplo del ambiente
y así verter sobre mi vida en calma,
toda la llama de tu pecho ardiente
y todo el éter de lo azul de tu alma.

Aspirarte mujer.. De ti llenarme.
Y en ciego, y sordo y mudo consagrarme
al deleite supremo de sentirte
y a la dicha suprema de adorarte.



El futuro es incierto ahora que no la hallo. ¿Qué hacer con la ternura? ¿Con los besos? Debí dárselos todos pero el tiempo se ha ido, ella estará brillando, quizá para otro nido. ¡Ay de mí! y de mi necio corazón, yo no sé cuánto tarde, en cerrar la estocada que con este extravío, se me ha abierto en el pecho. Me sangran las costillas, la carne, las ideas. La extraño y la lloro, la busco y no la encuentro. ¿De qué sirven los planes si no son junto a ella? ¿De qué me sirve el mundo, si mi mundo era ella?
            El piso de mi casa se lamenta pues sus hermosos pies ya no acarician su rugosa cara, ya no lo pulen con sus giros “en dehors et en dedant”. Extraña mi bitácora melódica, esa la su canción “qué locura enamorarme de ti” que fue todo menos locura, pues ha sido el instante en que más cuerdo me he visto. Prendo el iPod y la lista de canciones es interminable, si habré de borrar las que me la traen a la memoria, valdrá más tirar el aparato y renunciar a la música por siempre. ¿Bailar? ¿Qué caso tiene? Si es ella a la que mis manos se amoldaron, su cadera sugiere, y sus pies son de diosa.
            Cantar pues, ya tampoco, ¿a quién dedicaré mis sentimientos? Ya todo en mi camino tiene un tanto de ella. Pensé en alcoholizarme, pero será más duro apenas el efecto se me pase. Todo lo que pienso hacer para evitar la dolorosa despedida, me resulta perturbador pues ahí la veo. Películas a las cuáles quiero cambiar de nombre, ya no “París te amo” sino “Sonrisa, te amo”. Mi ropa, mis escritos, los libros, las fotos, los videos, regalos, aventuras, escapes, la comida, las aceras, el café, el baile, la guitarra, Dorotea y Robotina, Sofía, Metepec, Cuernavaca, Veracruz, el metro, Periférico, el edén, la facultad, los discos, el fútbol, no hay nada que no lleve una letra de su nombre.
            Si pudiera escucharme le diría, que aprendí de su mano que el amor puede todo, que si bien he fallado por culpa de mi soberbia, haré de todo para demostrarle que el destino no es otro sino que estar de la mano, no importa quien pretenda interferir con la historia.
            Seguiré en primera fila, para ver tus andanzas, te veré bailarina, que sólo eso me falta. Te dedicaré mi vida, mas allá si hace falta, yo sé que es muy difícil, pero habré de lograrlo, o en el intento muero, o sin ti ya no vivo. Las flores serán testigos quizá de incómodos encuentros, no obstante cumpliré la promesa de no exasperarme mucho. Acudiré a admirarte, te gritaré y aguardaré como siempre, tú me dirás si es mi turno, o esa ocasión me lo pierdo, la fortuna de invitarte, o es turno del aspirante.
            Atesoraré por siempre la intimidad en tu cuerpo, y juro ante todo el pueblo, que volveré a tocarte, a acariciarte las piernas y a navegar en tu pelo, a regodearme en tus curvas y el éxtasis en tu sexo. Te amo por tantas memorias, te amo por lo que nos falta, te amo y aunque haya obstáculos, confío en reencontrarte.
            El tiempo, ya me di cuenta, resulta irrecuperable. Si fallé y te me fuiste, lucho ya por que retornes, por un beso solamente, por recostarme en tu pecho, por acariciar tu cuello, por verte crecer conmigo, porque quiero protegerte y que tú me adores tanto, tanto como lo has hecho y no quiero sepultarlo, antes me ensogo del cuello que perder sin intentarlo.

Errare Humanum Est (Too late!)


La frase del día, según la galleta de la suerte que recibí como regalo en un buffete chino (curiosa paradoja gastronómica e idiomática), más específicamente, de comida china, ubicado en la calle de 16 de septiembre, a un costado del Sanborn´s de los azulejos, es al respecto de las relaciones humanas, o más bien, de la transgresión de dichas relaciones.

La papeleta decía: De las infidelidades. Las mujeres las perdonan pero nunca las olvidan, y los hombres las olvidan, pero jamás las perdonan. Vaya con las verdades universales de esa filosofía rica que surge de la sapiencia de los abuelos, que se ha forjado sólo a base de experiencia, del valor que dan las canas y el respeto que entregan las arrugas.

Será por eso que recordé una historia que algún taxista de la bien odiada – mal amada ciudad de México (dudo un momento en la grafía que ha de llevar ‘ciudad’ puesto que la discusión no ha llegado a buen fin en la Academia Mexicana de la Lengua, pero haré caso de lo que dice el Dr. Vicente Quirarte y la dejo con minúscula) me contó en uno de esos viajes en que apurado debía llegar a tocar en una fiesta.

Casi puedo recordar al hombre, moreno, de cabello entrecano y arrugas que denotaban su carrera en la vida. Sobre el labio el infaltable mostacho y en las pupilas un dejo de melancolía de esa que se detecta cuando la vista se pierde sin rumbo queriéndose esconder junto con el sol, allá en lontananza. El tránsito no era tan pesado quizá por el día, o la hora, quizá suerte y nada más. Yo iba apurado con el celular para enviar un mensaje que avisara de mi llegada al salón donde habíamos de trabajar.

Apenas lo envié, el hombre me miró por el retrovisor y haciendo un comentario sobre mi chamarra comenzó la charla que en principio no superaba lo protocolario y el afán de amenizar el trayecto. Y llegamos a la cuestión de los amores cuando ya estábamos en Insurgentes y San Fernando.

―Y qué joven ¿ya está casado?
Admito que la pregunta me tomó por sorpresa pues esperaba cualquier otra pero esa específica, la verdad no. Supongo se habrá notado mi desconcierto, en la sonrisa nerviosa o en mi cruce de manos.

―No me lo vaya a tomar a mal, lo que pasa es que ahora como que a los chavos les urge juntarse. Se les queman las habas o algo les pasa. De repente nomás le dicen a uno que ya se quieren casar y todavía ni limpiarse los mocos saben. Como mi sobrino ...

Y el señor me contaba de varios sobrinos, primos o hijos de amigos que más jóvenes que yo ya tenían una pareja e incluso hijos. Recordé a un par de primos que tienen la misma edad que yo y confirmé la premisa que el señor había hecho: ellos tienen ya familia y trabajan, aunque para ello tuvieron que dejar la escuela o quizá fue porque ya desaban dejarla que tomaron la decisión, quién lo sabe.

Seguía yo en aquél pensamiento cuando noté por el retrovisor del taxi un brillo titilante en los ojos del taxista. Él también lo notó y se limpió con la manga del suéter rápidamente. Después, agachó la mirada para que no pudiera ser observado.

―Ah es que me acuerdo de cuando yo me casé joven, por eso se me suelta la lágrima.

Me quedé pensando qué le pudo causar tal impresión y quizá sin mucho tacto pero ahíto de curiosidad le pregunté si acaso era viudo, lo que para mi sorpresa le provocó una carcajada.

―No, para nada, fue otra cosa ―al verme guardar silencio adivinó que yo quería saber más―. Verá, digamos que me cayo en una movida.

Supongo que las palabras no requieren mayor explicación para entender el sentido. Yo me hice cómplice en ese momento con él quizá por solidaridad y atiné únicamente a decir ‘lo siento mucho’,

―No, más lo sintió ella ―y volvió a reírse, creo que le servía de catarsis―. Yo trabajaba de fino en el sitio de Revolución y Av. de la Paz, ahí por San Ángel y casi siempre me quedaba toda la noche porque se cobra mejor y como ahí están los antros, pues me iba bien, más los viernes y sábados ―yo, escuchaba atento, a él y a que llegábamos al Restaurante Arroyo― y llegaba a mi casa después que amanecía y mi mujer, pues ya se había parado para darle de desayunar a mis chamacos para que salieran a la escuela y ya no la veía en todo el día.

Entendía esa parte de la historia porque es una constante en muchas casa mexicanas, el trabajo se supedita a la vida familiar, lo cual tiene consecuencias no del todo agradables.

―Yo me partía el lomo pa’ darles todo, pero nomás los veía como en hotel y se me hizo fácil ver si pegaba con la ‘güera’, una doña que a veces daba las salidas ahí en el sitio. De repente ya estaba más ocupado por echarme a la güera que por chambearle, la verdad no sé todavía por qué lo hice, a lo mejor porque ya no tenía nada con mi esposa, ¿quién sabe?

―Bueno, pa’ no hacérsela larga, mi mujer empezó a reclamarme que llegaba más tarde que antes y que ya faltaban cosas en la casa. Peleamos, nos gritamos y en la noche me fue a buscar al sitio, le dijeron que andaba con pasaje, pero cuando ya se iba vio las placas del carro por las luces de una gasolinería que está allí y lo demás pa’ qué se lo cuento, ya sabe.

Yo no sabía que decirle, por un lado entendía lo que me contaba pues creo que uno se harta al final de la rutina, de siempre hacer lo mismo, de que a veces la lucha diaria aprece no tener un fin claro, aunado a una filiodatría en la que los padres viven nada más para los hijos y su relación como pareja se hunde en una suerte de indiferencia mutua, como pacto de sacrificio, a cambio de la bendición de ser padres. Por otro, no justifico la infidelidad una vez que ya se ha formado un núcleo familiar con alguien, pero al final aquella no era una historia para juzgarse, ni yo era un buen juez, me parece que mi papel se reducía más a ser un buen escucha. Llegamos al monumento al Caminero y le indiqué que continuara por la libre.

―Por eso le preguntaba joven, no la riegue como le hice yo. Si ya tiene una mujer que lo quiera, que lo trate bien, que le jale las orejas de repente, quédese con ella, hágame caso. Yo me he dado cuenta ahora que ya no vivo con ella que esto de hacerle la lucha nomás para uno mismo está rete jodido. Antes, aunque sea pues le echaba ganas pa’ que a mis hijos no les faltara nada, pero ora míreme. Vivo solo en un cuartito ahí que renté, no veo a mis chamacos casi, y mi vieja, pues esa ya ni me dirige la palabra, y nomás por andar de cabrón. Me cae que sí la regué y gacho.

Era una escena particular, pues tenía frente a mi a uno de esos machos bien bragados que, contrario a la creencia popular, lloraba y por una mujer que se veía le dolía en el alma, ahí donde los dolores son más intensos y mucho más duraderos.

―Perdí a mis hijos, y una esposa que lo que sea de cada quien, siempre estaba bien al tiro, con la comida, con la casa, con los chavos. Yo nomás era el que llevaba la papa pero ella, ella era la fregona, pa’ que negarlo. Y fue una vez joven, una, y de nada sirvió que le pidiera perdón que le llorara, me le hinqué y así me aventó, con toda razón, mis chivas a la calle. Ya nomás me aguanté de veras que no sé ni por qué. Agarré el chupe como tres días pero luego uno se da cuenta que no quiere acabar de teporocho ahí tirado en las esquinas.

Las lágrimas seguían brotando, ya sin pudor, de los ojos de aquél hombre, que sentía un arrepentimiento que no le cabía en la conciencia, y un dolor por no poder cambiar las cosas.

―No  joven, no vale la pena un rato de calentura por una vida con una mujer de esas que valen la pena. Míreme a mí, ahora ya qué hacerle, nada. Acuérdese que las mujeres siempre van a ser lo más bonito que hay, pero no hay que ser avorazados, namás una y dejar las demás. ¿Pa´qué queremos tantas si luego con una no podemos? ―y volvió a limpiarse con la manga unas lágrimas que ya le nublaban la visibilidad―Pero discúlpeme, que a ustéd ni le ha de importar esto.

Yo le dije que no se preocupara, que entendía lo que me contaba, aunque la verdad lo dije por darle ánimos, pues jamás he estado casado y de ser sincero no se qué se siente que te abandonen esposa e hijos. Ya estábamos a unas cuadras de donde iba a trabajar y me había conmovido realmente la historia de aquél hombre, no sólo sus palabras, sino imaginar toda la situación.

A  veces uno arriesga mucho por muy poco y creo que a la larga, nos arrepentimos. Parece ser que la adrenalina tiende a ser un vicio, pero los vicios son malsanos siempre. Yo no sé si volveré a ver a ese hombre, no sé si algún día logrará obtener el perdón de su familia, pero es claro que en cualquier lugar puedes encontrar lecciones de vida, ésta, para mí fue quizá una de las más importantes. Ciertamente no he decidido si llegaré al altar con alguien, aunque el alguien es más claro en mi mente, pero sé que si bien es cierto que errar es humano, es igualmente cierto que es de sabios reconocer cuando hay errores, y don de dioses, perdonar. Yo he sido tan hombre como lo he podido, he errado hasta el cansancio. El taxista es un sabio por haber reconocido sus fallas. Son las mujeres nuestras diosas y está en ellas, y sólo en ellas saber si nos perdonan.

En fin, juro no volver a ir a ese restaurante en tanto no sepa si junto de mi hay una diosa, porque mi religión es fuerte aunque a veces llego a ser rebelde y testarudo. La galleta me la comí, y el papel, ése sigue en mi mano.

18 abril 2010

Una mas por la legalizacion de las drogas

Verdaderamente cada día me sorprende más la eminencia que muestra, en nuestro país, un gremio casi siempre incomprendido por nosotros, los ciudadanos: la cúpula de los políticos. Pero cómo no podría ser maravilloso el leer las noticias que dan cada día. Algunos se conforman con dar muestra de la capacidad política (léase de negociación o defensoría de intereses comunes), otros, venden momentos de su vida personal a publicaciones más bien dedicadas a asuntos de la farándula cuando no caen más bajo y llegan a las revistas del corazón y no anotaré nombres porque estoy cierto, queridos lectores, que todos los sabemos.


Estos días ha salido a la luz una más de esas ideas que de verdad podrían no sonar ridículas si la propuesta y los fundamentos tuvieran una base sólida, sin embargo cuando las palabras se emiten con la intención de impactar en los medios y brillar unos días en las pantallas de televisión, se vuelven poco menos que un chiste de muy mal gusto. El tema: la legalización de las drogas. El emisor: Santiago Creel Miranda.

Si bien es cierto que la polémica y el debate no pueden faltar en ese tópico, también debe aceptarse que no se puede proponer una panacea sin estudiar todos los efectos que tal o cual acción puede generar.

Me resulta ridícula la propuesta pero no se piense que por la persona que lo ha dicho ni mucho menos. Creo que el legislador se ha atrevido a expresar una opinión y una preocupación legítima y valiosa sin duda, pero ante su argumento de que muchos estados de nuestro país vecino del norte han logrado progresar en el debate y legalizar el consumo de estupefacientes y, obviamente, ante tl muestra de madurez y modernidad el Estado Mexicano debe seguir pasos similares.

Creo que una propuesta de esa magnitud no debe estar sujeta a la percepción del mismo tema que se tenga en sociedades distintas, quizá habrá posibilidad de discutir el tema pero hay que ponderar que las sociedades, las ideologías, la capacidad económica y la composición social son muy diferentes y ello debe considerarse a la hora de entablar la discusión o sugerirla.

Sería irresponsable pensar que por la vecindad que compartimos con los Estados Unidos, tenemos la misma visión hacia el futuro y que emulando sus decisiones llegaremos a ser una nación similar a la suya. He escuchado las ventajas que la legalización traería al país como la posibilidad de derrumbar los cárteles de la droga y la violencia que se vive en el país. Me suena a una visión algo más que utópica, sería tanto como decir que al retirar a Elba Esther de la dirigencia del SNTE la educación en México sería mejor de forma instantánea.

Es cierto que con el cambio pueden llegar mejoras, pero no hay que engañar al pueblo, como se acostumbra y prometer que la suya es la vía mejor para todos. Ya sé que en su profesión, la venta de promesas es el pan (PAN) de cada día, pero uno llega a cansarse de tanta harina y tan pocos huevos para lograr la masa.

Fue el mismo error que tuvo Calderón al minimizar los efectos colaterales que la lucha contra el narcotráfico tendría, y si bien es cierto que las estadísticas (oficiales) pueden estar de su lado, también es cierto que una imagen vale más que mil palabras y hay muchas con las personas inocentes caídas.

Recomendaría al señor Creel que si la propuesta la ha hecho con una conciencia clara de todas las consecuencias que tendría, que elabore pues un documento en forma y argumente en pro de llevarla a cabo, que si no, será mejor guarde sus palabras o frases de gloria para otro espacio.

El “sospechosismo” nunca fue buen inicio y yo sospecho que tal aseveración de abrir el debate respecto de la legalización de las drogas tiene más de lo que a simple vista puede verse. Hágame ver errado senador y de ser así créame que aplaudiré sus palabras, pero entre tanto, no puedo sino decir que deje de estar tan atento a lo que hacen en otros países y comience por preocuparse por el nuestro, que para eso se le paga. Acuérdese, “el buen juez, por su casa empieza.”

Miscelaneo (disculpen el acento pero esta maquina no me deja ponerlo)

Ha habido cosas que, por la frecuencia y el orden en el que han sucedido, parecieran salidas de una película que parte de la realidad y me propongo simplemente hacer un recuento de las que me resultan más interesantes de todos los ámbitos de la vida en el mundo. Quizá haya alguna que olvide en esta pequeña esquela pero, adelanto disculpas y acepto, si alguien así lo desea, recordarme sucesos que para otros hayan sido tan impactantes como para mí, los que a continuación enlistaré.


La primera que recuerdo ahora es la erupción del volcán en Islandia que ha paralizado los vuelos en el viejo continente no a causa de un peligro de fundición o incendiario, hay que recordar que posterior a la erupción, queda una nube de polvo y ceniza, que en este caso fue de varios kilómetros de altura y que siguen suspendidas.

El problema per se no son las cenizas, lo que ocurre es que la composición de dichas partículas tienen propiedades abrasivas, por lo cual, si se intentara un vuelo a través de la nube, es muy probable que los motores se atascaran con el sabido peligro que ello conlleva. Hace tiempo que no se veía una explosión tan fuerte, recuerdo una erupción submarina pero esa es otra historia.

Sin duda alguna la Naturaleza parece despertar de un letargo en el cual nos permitió aprovecharla cuando no abusar de ella y un servidor imagina que comienza a demostrar que a su voluntad puede destruirnos. Ello se suma a los temblores que se han suscitado en varias regiones del planeta, las lluvias torrenciales, los huracanes y otras manifestaciones que deberían hacernos actuar no seguir planeando de aquí a veinte o treinta años.

Por otro lado, seguimos con las patadas de ahogado que el RENAUT, ahora se han sacado de la manga que sancionarán a todos aquellos que registraron datos falsos en la primera etapa del registro, ¿tan dificil será aceptar que les falló la planeación? Después, se ha descubierto el hilo negro, el número IMEI de los celulares mediante el cual, dicen, ahora sí darán de baja los números que se reporten como robados o perdidos.

Señores míos, el número IMEI y esa función que ustedes anuncian con bombo y platillo ya era algo que se podía hacer aunque uno debía comunicarse con la empresa fabricante del celular, pero como ellos no lo conocían pues ahora que se lo presentan hasta los ojos les brillan.

Creo que esto será lo mismo que cuando se intentó en el DF que todos los automóviles tuvieran seguro contra accidentes: las mismas fumarolas pero nada de nada al final, y es que no es siempre por las leyes, sino por la ineptitud de aquellos que las proponen y luego no pueden llevarlas a cabo.

También he leído que “ahora sí” se transparentarán los cargos por disposición en los cajeros automáticos de cualquier banco debido a que no se específicaba de manera clara, los costos que cada transacción tenía. Vaya, por lo menos el nuevo presidente del BANXICO se ha puesto a trabajar, bien por el buen amigo Carstens. Me pregunto si la presión por la recuperación económica nacional y las promesas de crecimiento por arriba del 3% para este año ya lo habrán hecho bajar la masa corporal.

En el arte del celuloide se ha estrenado Furia de Titanes, que al menos en los carteles, pinta para ser una buena película. Resulta claro que las ideas se les terminan a los guionistas y deben regresar a esa fuente inagotable de historias que es la literatura, lo cual es bueno. La historia pinta interesante: Perseo, Hades, Zeus, la mitología griega es una de las más enigmáticas, esperemos que no decepcione. Todavía no la he visto pero en cuanto lo haga tengan por seguro, queridos lectores que habré de escribir qué me pareció.

Por ahora creo que detendré el recuento porque debo calificar unos exámenes y no me dará tiempo si sigo con esto, pero ya tendré más que dar, ya se sabe que en México, cada día es más sorprendente que el anterior. Por cierto, se está fraguando un proyecto editorial del que próximamente les daré avances, espérenlo.